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Cuatro acuerdos para ser feliz.

Los cuatro acuerdos. 


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«No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo decides. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento”

(Ruiz,M.)

  1. Sé impecable con la palabra.

La palabra es magia, es decreto, es proyección…, ten cuidado con lo que hablas y sobre todo con lo que te dices a ti mismo, recuerda que no hay nadie más cruel para ti. Las palabras que verbalizamos o las que pensamos nos están creando cada día. Las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las crítica, en jueces prepotentes; un lenguaje machista nos mantienen en un mundo androcéntrico, donde el hombre es la medida y el centro de todas las cosas, y las descalificaciones autovictimistas (pobre de mí, todo lo hago mal, qué mala suerte tengo) nos derrotan de antemano.

  1. No te tomes nada personalmente.

Cada persona vive su propia película en la cual es protagonist afrontando su propia odisea, viviendo su vida y resolviendo sus conflictos y sus miserias personales y cada cual lo hace lo mejor que puede dentro de sus circunstancias y sus limitaciones. Las demás personas sólo somos figurantes en esa película que cada cual hace de su vida.

Hay mucha magia negra fuera, lo mismo que la hay dentro de ti misma, o de mí. En cualquiera, en algún momento de su vida, en algún momento del día. Todo el mundo somos «depredadores emocionales» alguna que otra vez.

«Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros… Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te tomas las cosas personalmente serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno», asegura Miguel Ruiz.

  1. No hagas suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo. El problema es que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello.

«La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras… e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular», insiste Miguel Ruiz. En última instancia y si te dejas guiar por la buena voluntad, siempre te queda la confianza… y la aceptación.

  1. Haz siempre lo mejor que puedas.

El cuarto y último acuerdo permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados: haz siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Siendo así, pase lo que pase aceptaremos las consecuencias de buen grado. Pero siempre podemos intentar ser impecables con la palabra, no tomárnoslo personalmente y no sacar conclusiones precipitadas… dentro de nuestras limitaciones físicas, anímicas y en general, de cada momento. Si lo intentamos, de la mejor manera que podemos, ya es suficiente.

Estos acuerdos que parecieran sencillos no son simples y requieren de su interiorización de un cambio de actitud, de ponerte otros ojos para ver la vida y que mejor que coger los ojos que miramos cada día, los de nuestros maestros, nuestros hijos. Os pondré un ejemplo muy claro de Andrea Mayoral que dice así…

Cuando terminé la lectura de estos cuatro acuerdos, creí que podría llevar a cabo esos acuerdos de forma sencilla, se veían muy fáciles de cumplir. Pero al poco tiempo me encontré de nuevo increpando a los niños, criticándolos por no hacer las cosas como yo quería. Y luego del sermón que les impartí a los dos, los dejé solos para que ordenaran su cuarto.

Pero justo al momento de cerrar la puerta pude escuchar una conversación que me abrió los ojos a esa sabiduría Tolteca:

-¿Por qué está mami enojada? -preguntó el más pequeño.

-Porque piensa que desordenamos el cuarto para fastidiarla -dijo el mayor en voz baja.

-Pero ¿está enojada conmigo?

-No lo creo, solo está enojada con los juguetes.

-¿Con los juguetes?

-Algo le debieron de hacer, para que cada vez que los ve por el piso, se ponga a gritar.

-Pero a mí no me han hecho nada, y cada vez que los guardamos se ponen muy tristes.

-Escondámoslo debajo de la cama. Así mamá no gritará más.

-No me gusta cuando mami grita.

-A mí tampoco. Me da miedo. Y cuando no puedo jugar con mis juguetes me pongo bravo, pero prefiero estar bravo que tener miedo.

-¡Ya sé que le pasa a mami! -exclamó el pequeño con entusiasmo-. Creo que no le gustan los juguetes, ¡porque ya no puede jugar con ellos!

 Una sencilla conversación que me abrió el corazón y me hizo pensar que los niños ven la vida como los Toltecas, y que, si yo lograba recordar lo fantástico que era ver la vida desde la perspectiva de los niños, lograría poner fin a la dictadura de la perfección que atormentaba mi vida.A partir de ese momento, le he dedicado más tiempo a jugar con mis hijos. Guardar los juguetes se convirtió en un juego divertido que compartimos los tres. Ahora sé que no soy perfecta y mis hijos tampoco, ellos hacen lo que hacen porque es lo que hacen los niños y no porque quieran irritarme. No los he vuelto a gritar, o al menos he hecho mi mejor esfuerzo por no hacerlo y cada día trato de cumplir con esos cuatro acuerdos, tanto con mis hijos, mi esposo, compañeros de trabajo, amigos y con las personas en la calle porque la vida no es perfecta y ahora cada día me siento más feliz. (Mayoral, A.)

"No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo decides. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento"(Ruiz,M.)
«Para ser feliz necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio.» (Ruiz, M.)

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Madre que sostienes el mundo.

Madre que …

…duermes con los ojos cerrados, que te despiertas a las 5 de la mañana pero ya no sabes si llegaste a dormirte. Que te comes el mundo cuando logras juntar 5 horas seguidas de sueño y te despiertas sobresaltada casi culpable por si olvidaste ser madre. Que batallas con concurridas mañanas corriendo entrepasillos para cazar cabezas con camisetas y vestidos, dando directrices a lo lejos como si te encontraras en la bolsa de Wall Street comprando y vendiendo acciones, luchando con pañales incambiables, niños que se desvisten después de vestidos, zapatos que nunca encuentran su par caminando hacia lo que debería ser un desayuno saludable por supuesto! cazando bocas mientras desvías atenciones para poder llenarlas, entonas melodías, lidias con líquidos, mermeladas, mantequillas y galletas que desaparecen en el fondo de los tazones mientras desayunas, desayunar? qué es desayunar? quizás de milagro un café frío justo antes de cerrar la puerta antes de abrirla de nuevo para coger ese algo que sabes que alguien ha olvidado. Con mochilas a punto, con snacks, batas, baberos y recambios de temporada, chupetes, dinoraurios y carros de muñecas enganchados a las manos de tus hijos en frente de la puerta justo al instante en que parecía que ese día funcionaba.

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Madre que…

…regalas cada minuto de tu tiempo y de tu mente cuando alguno de la camada está enmadrefermo, haces tuyo su sufrimiento, que sabes adivinarlos sólo oliéndolos, que recibes todos los golpes porque solo tú sabes levantarte de todos ellos más fuerte si cabe, viendo a los tuyos pelear con sus emociones, impulsos y sensaciones siempre a caballo entre el sueño, el hambre y el desconsuelo.

Madre que…

…razonas lo irrazonable, curas lo incurable y consigues lo imposible mientras repites incansablemente los mismos consejos imprimiendolos verbalmente en la mente y el quehacer de tus pequeños. Madre observada en parques abarrotados de madres que intentan, en la distancia más cercana, ser críticos insaciables de su propia realidad, espacios de intercambio que en lugar de fomentar el descanso de las madres dan lugar a psicoparques que ofrecen cursos intensivos de qué hacer y qué no hacer para ser “buenas y malas madres”. Madres corriendo de un lado para otro salvando niños que parece salieran de debajo de las piedras.

Madre que…

…intentas hacer cosas “normales” cuando la normalidad es la lucha entre el convencimiento de que recuperas algo pero pierdes otra cosa, casi culpable por tener cinco minutos de tiempo, nerviosa palpando el móvil que esté operativo y siempre a mano como salvavidas de la madre que intentas ahogar entre sonrisas y conversaciones extrañas monotemáticas de aquello que a lo lejos ansiamos cerca o silencios incomodos porque se te olvidó que es una conversación de ida y vuelta sin toallitas en mano preparadas para limpiar la nariz y la cara de tu interlocutor.

Madre que…

…llegando a todo vives en la hiperactividad constante, pensando en donde estará el libro de instrucciones de todo lo que te viene y te queda por venir, equilibrando tus modos, los suyos y los del más allá, buscando a momentos el equilibrio emocional y la paciencia que parece que se agotó justo antes de que sonara el despertador doblada entre rodillas, cabezas, sin almohada y destapada y preguntándote si habrán descansado lo suficiente.

Madre que…

…meciendo la sillita vacía en el semáforo buscas las claves expres para ser una buena madre leyendo el blog del momento, autocorrigiéndote y siendo tu más dura crítica, diciéndote que la próxima lo harás mejor luchando con los sentimientos de frustración e imperfección.

Madre que…

…trabajas a la intensidad más alta, marcha constante y con la sensibilidad más dulce a tiempo completo y todo el año, fabrica de besos y abrazos, de motivación y emoción que ves a tus hijos convertirse en eso que soñaste, que agarran la felicidad de tu mano, haz que el tiempo con ellos cuente. Disfrútalo, frena, respira y deja que tu frase coletilla deje de ser “date prisa”, deja a un lado tu limpiadora, taxista, cocinera, nutricionista, enfermera, educadora, psicóloga, mediadora, decoradora, cuentacuentos, artista… y sé madre porque la vida… no viene con un manual de instrucciones viene con una Supermamá.

Madre que… siempre fuiste y serás mi Supermadre.

Cristina Oroz Bajo

 madre

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¿Cocaína digital para nuestros hijos?¿Porqué fundadores de Apple, Google, Wikipedia apuestan por no-tech? ¿Uso responsable de las tecnologías?

droga digital
“La mayoría de los niños, oyen lo que dices, algunos incluso hacen lo que dices, pero todos los niños, hacen lo que haces”.

Ahora sabemos que esas tabletas, teléfonos y videojuegos son una forma de droga digital, que el efecto adictivo afecta la corteza cerebral del cerebro; su función ejecutiva y control de impulsos, de la misma manera que la cocaína, elevando los niveles de dopamina (neurotransmisor de placer). Pantallas llamadas «cocaína electrónica» (Whibrow, P.; UCLA), «heroína digital” (investigadores chinos) o «pharmakeia digital» (griego para la droga, Marina de EEUU).

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¿Porqué los padres, diseñadores e ingenieros son los más cautelosos? ¿Porqué Steve Jobs era un padre notoriamente de baja tecnología? ¿Porqué los ejecutivos e ingenieros de Silicon Valley matriculan a sus hijos en escuelas Waldorf no-tecnológicas? ¿Porqué los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, fueron a escuelas Montessori sin tecnología así como el creador de Amazon Jeff Bezos y el fundador de Wikipedia, Jimmy?

La exposición a dichos dispositivos provoca cambios en:

  1. Los niños… su juego es cada vez menos creativo y experimental perdiendo atracción por objetos, sus intereses se reducen, se pierde interés por las relaciones en el juego, los juguetes, la naturaleza. Aparecen dificultades en el sueño y en el mantenimiento de la atención por la hiper-excitación. Peor aún, nos encontramos a niños apáticos, que se aburren, sin imaginación, desinteresados y desmotivados cuando no están conectados con lo digital.
  1. Las familias… la agresividad y los berrinches cuando los dispositivos se quitan y la atención se disipa cuando los niños no son estimulados perpetuamente. Y esto se extiende a los padres que son los primeros ejemplos, se relacionan menos y peor con sus hijos, están semipresentes en los momentos en familia y las relaciones, y la comunicación se deteriora profundamente.
  1. Su futuro… Cientos de estudios clínicos demuestran que las pantallas aumentan la depresión, la ansiedad y la agresión y que pueden llevar a características psicóticas por falta de contacto con la realidad. Demostrado está que los niños que pasan más tiempo frente a pantallas tienen más problemas de déficit de atención. Esto se debe a que hay una región en el cerebro emocional, llamada «núcleo estriado», que valora las actividades donde dirigir la atención en función de la intensidad del estímulo y la rapidez con la que satisfice. Así decide a qué actividades debemos prestar más atención. Con estos dispositivos el cerebro se acostumbra a recibir estímulos intensos y satisfacción inmediata, así difícilmente va a querer prestar atención a otras actividades menos intensas, y corren el riesgo de caer en una adicción.

Estudios clínicos sobre adolescentes detallan que han encontrado más fácil tratar la adicción a las drogas que a lo digital, los videojuegos o las redes. Los niños de 8 a 10 años pasan 8 horas al día con diversos medios digitales mientras los adolescentes pasan 11 horas frente a las pantallas. Uno de cada tres niños está usando tabletas o teléfonos inteligentes antes de que puedan hablar (Academia Americana de Pediatría, 2013). No es una tarea fácil en nuestra actual sociedad llena de tecnología donde las pantallas son omnipresentes. Una persona puede vivir sin drogas o alcohol pero las tentaciones digitales están por todas partes.

¿Qué hacemos como padres y desde casa?

La principal clave es la prevención, evitar que su hijo de 4, 5 u 8 años se enganche a las pantallas. Eso significa Lego en lugar de Minecraft; Libros en lugar de iPads; Naturaleza y deportes en vez de TV, hasta que tengan por lo menos 10 años de edad (incluso hasta los 12).

Evite al máximo la utilización de dispositivos electrónicos en casa, siempre que esté en familia: establezca un parking de móviles para toda la familia, coma con sus hijos sin ningún dispositivo electrónico en la mesa, manténgalos en silencio, evite utilizarlos a modo de niñeras digitales. Hable con sus hijos sin dispositivos en la mano, recuerde: “la mayoría de los niños, oyen lo que dices, algunos incluso hacen lo que dices, pero todos los niños, hacen lo que haces”.

Es muy posible, dependiendo del grado de exposición en el que se encuentren sus hijos, que se sientan desorientados, aburridos, oxidados y se sientan solos y sin recursos para conectarse a las experiencias de la vida real. Nosotros como adultos también estamos sufriendo esta situación y hemos, juntos, de recuperar las actividades creativas para conectar de nuevo las relaciones familiares.

Mientras que un niño está utilizando una tablet o viendo la tele, está dejando de hacer otras actividades necesarias para su desarrollo. En menores de 2 años está demostrado que su cerebro necesita interacciones directas con personas reales para desarrollar el lenguaje y otras habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Y a partir de los 2 años el principal efecto negativo de las tecnologías es que restan tiempo de ejercicio físico y actividades manipulativas además de todo el componente atencional y motivación anteriormente descrito.

¿Cómo hacer un uso responsable de las tecnologías?

Por otro lado no hay que negar que estamos asistiendo a un cambio social con las nuevas tecnologías así que para prevenir este uso excesivo, se pueden proporcionar a los niños y adolescente herramientas para hacer un buen uso de ellas.

Jugar con ellos y compartir eso que les motiva, compartir emociones, aprender juntos y conocernos mejor. Ubicar los dispositivos en el espacio común para evitar el aislamiento y observar informalmente su comportamiento. Invitar a amigos a jugar siempre es mejor opción para conocer cómo se relacionan. Programar tiempos de uso, que suponga un equilibro entre todas las dinámicas, siempre determinar su fin antes de empezar para que así sea más fácil conseguir el compromiso. Hablar de internet de una manera crítica y reflexiva teniendo en cuenta sus pros y sus contras. Informarse sobre programas limitadores de contenidos. Siempre sugerir que realice otras actividades de ocio que les motiven.

Cristina Oroz Bajo

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Seguimos leyendo…

Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson
literatura
Una guía imprescindible de la literatura para orientar y alimentar el desarrollo mental de tu hijo.

Después de mi última publicación con respecto a literatura para padres inquietos, movidos y osados he recibido muchas demandas de más, Siegel y Payne son unos maestros poniendo en palabras los procesos que pasamos con nuestros pequeños y no tan pequeños, así que después de lo que disfrutásteis con «El cerebro del niño» os dejo aquí otra obra maestra «Disciplina Sin Lágrimas» que no debería faltar en ninguna biblioteca familiar, y que seguro requerirá lecturas y relecturas, incluso os veo tomando notas para llevar al frigorífico para ayudaros con estrategias casi milagrosas pero ancladas en la más sólida de las bases neurológicas y evolutivas. No os lo perdáis!

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Libro para padres de niños inquietos, curiosos, movidos, atrevidos…

12 Estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo.
12 Estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo.

Un libro imprescindible para padres que busquen analizar el porqué los niños actúan como actúan, niños dirigidos por torbellinos de impulso que parece que fueran a despegar incontrolados luchando en un mar turbio. Parece que todo cobra sentido cuando entendemos el contexto donde ocurren estas situaciones, toda la serie de variables que actúan en un momento dado, procesos mentales internos, externos, sociales, emocionales y físicos que dan lugar a la expresión más pura. Deja que suceda, acoge al niño, acompáñalo en este proceso para que ejerza su función y sea evolutivo, rico y constructivo y acompáñate a ti siendo consciente de lo que provoca tu presencia, lo que aporta y enriquece ver la evolución y la revolución de nuestros pequeños. No te pierdas este libro, sé que no te dejará indiferente y querrás más, y sabes qué? hay más! Gracias Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.

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